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martes, 25 de noviembre de 2014

Con el perdón de mis amigos burócratas....

Usualmente decimos que para lograr lo que cientos de políticos y filósofos llaman justicia social hay que subirle los impuestos a los más adinerados para que se de una forma el reparto más equitativo de las ganancias.

Viendo un poco de historia, podemos determinar cuáles fueron las causas de la caída de la unión soviética, qué es lo que causó que una superpotencia mundial cayera de manera tan abrupta. Pues una de causas fue la existencia de una clase burócrata cuyo oficio era el de medir quien tenía menos ingresos y quien más y de esa forma sacarle dinero a los adinerados para dárselos a los menos adinerados, consiguiendo como consecuente un “reparto más equitativo de los bienes”.

Pero esto tiene su precio ya que es necesario alimentar y mantener a ese ejército de burócratas. Y ahí tenemos un problema, ese ejército de burócratas no va a producir nada pero si va consumir, de esa manera generar un déficit fiscal enorme. Esta es precisamente una de las causas de la caída de la unión soviética: muchísimas personas vivían en base al Estado y no producían nada. 

Ahora, volviendo al tema del impuesto al rico, esta es la conclusión a la que llego por la cual la idea robinhodiana - por más noble que sea de que el Estado debe sacarle dinero a los ricos para darle a los pobres - solo nos dará perdidas a todos, tanto ricos como pobres.

Y es que para que el Estado logre repartir el dinero más equitativamente necesita financiar un ejército de burócratas que no aportan nada al país, sino que consumen, cuando en realidad, en "lo no visto" según Bastiat ese rico podrá usar ese dinero para generar más puestos de trabajo y mas riqueza sobre la cual aportará al Estado a través de sus impuesto, todo esto como reitero sin tener que financiar un ejército de burócratas.

El contenido de este post es un resumen de un artículo publicado por Taringa

domingo, 19 de octubre de 2014

ENTRE CERVEZAS, TRAGOS "BAMBAS" Y “CÁMARAS DE GAS”…


En el Perú existe concentración de mercado en una sola empresa cervecera (96%) y  las cervezas de mayor consumo son las populares de bajo precio. Asimismo, según estimados de Euromonitor, la tercera parte de las bebidas alcohólicas del Perú son informales de mayor grado alcohólico y según Apoyo Consultoría en el año 2013 dicha cifra ha subido de 32% a 34%. Finalmente, quienes están más expuesto a consumir bebidas informales de mayor grado alcohólico son los más pobres y lo jóvenes.

Un mercado concentrado es proclive al abuso de la posición de dominio en perjuicio de su competencia y de los consumidores finales. La política fiscal entonces debe estar orientada a generar competencia. Países con mercados concentrados como Colombia, México y Chile, combaten la concentración de mercado generando competencia con un sistema  Ad Valorem, como el que teníamos hasta mediados del año pasado.

Entretanto, la gran cantidad de países europeos, donde no existe concentración de mercado en un productor, sino todos compiten en igualdad de condiciones y se distribuyen el mercado en función a calidad y tipo de cerveza, se aplica un sistema específico, como el que equivocadamente se aplica en el Perú de manera alternativa.

El efecto de la competencia se puede dar por calidad o por precios. Sin embargo, en el Perú, tratándose de cerveza cuya composición es sencilla y de un mercado concentrado, es decir con dos o tres productores, no es eficiente una competencia por calidad, sino una competencia por precios, como la que se vino dando hasta mayo del año pasado.

Por otro lado, una política fiscal eficiente debe estar orientada a atacar fiscalmente y en mayor nivel los efectos nocivos del alcohol en licores de mayor grado alcohólico. Pero lo que vemos es que en el modelo actual, la incidencia del tributo sobre las cervezas es mucho mayor que el de otros licores de mayor grado alcohólico.

Dicho esto, es lógico concluir que si aplicas un sistema que castiga a la cerveza de menor precio, impidiendo la competencia por precios – como está ocurriendo desde mayo del año pasado - no sólo se agudiza el problema de concentración de mercado, sino que se potencia la externalidad que se pretende combatir. Y esto último, por cuanto los más proclives a caer en el alcohol ilegal de mayor grado alcohólico son los más pobres y los más jóvenes.

Las persona de escasos recursos (pobres y jóvenes) son las que las que consumen cervezas más competitivas y de menor precio. Según cifras de la última Encuesta Nacional de Hogares, dos terceras partes de lo que gastan los mas pobres en bebidas alcohólicas al año, está orientado a la adquisición de bebidas alcohólicas ilegales de alto grado alcohólico.

Es por ello que señalamos que el impuesto específico a la cerveza en función al litro de alcohol, lo que estás haciendo es encarecer el producto para este sector social, que al no tener otra opción, está profundizando su consumo de alcohol ilegal de mayor grado alcohólico.

Lo lógico es que el tributo esté dirigido con mayor incidencia a las cervezas o bebidas alcohólicas de nivel Premium o de nivel intermedio. Jamás a las cervezas de menor precio porque, como se ha indicado, el efecto será contrario al deseado: mayor externalidad para los más pobres y los jóvenes de nuestro país.

Y es que lo que ocurre con un mal diseño de política fiscal aplicado a la cerveza desde mediados del año pasado, es que estamos llevando a nuestros jóvenes a bebidas alcohólicas de mayor grado alcohólico y por tanto de mayor nocividad, y a los pobres a las denominadas “cámaras de gas”.

El Congreso tiene la palabra… ante la testarudez del Ministerio de Economía y Finanzas…