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domingo, 10 de octubre de 2010

Incubadoras de violencia infantil

Un estudio realizado por el Consejo Consultivo de Radio y Televisión determinó que el consumo de radio y televisión de los niños alcanza las 4 horas al día, superando incluso el tiempo que le dedican al colegio; así como que el 62.3% de niños y adolescentes peruanos ve televisión entre las 9 y 11 pm, y el 12.7% no tiene límites para ver TV.

Cuando se consultó quién decidía qué ver o escuchar en la televisión y radio, respectivamente, un 67% respondió que ellos decidían que ver en la televisión y un 55% qué escuchar en la radio.

Por otro lado, otro estudio realizado por la “National Cable Television Association” el año 1995, determinó que en 25% de todas las escenas violentas en las que se usan armas de fuego, la violencia casi siempre queda sin castigar. 

El 73% de los perpetradores de actos violentos no sufren consecuencias negativas por sus actos y solo 16% de los programas indican las consecuencias negativas del comportamiento violento. Asimismo, los programas para los niños son los que menos muestran consecuencias o el castigo (5%) y en ellos las escenas violentas se presentan como humorísticas.

De los programas violentos, según dicho estudio, solo el 15% se acompañan de algún código orientador sobre el contenido; por otra parte, esa forma de categorización atrae sobre todo a los televidentes masculinos de 10 a 14 años de edad.

La Ley de Radio y Televisión señala que la programación que se transmita en el horario familiar (De 6:00 a.m. a 10:00 p.m.) “debe evitar” los contenidos violentos, obscenos o de otra índole, que puedan afectar los valores inherentes a la familia, los niños y adolescentes.

Es un hecho probado que la violencia genera violencia, que los niños imitan la violencia que ven en la tele y en el cine; así como que es responsabilidad del Estado tomar medidas correctivas cuando una situación se torna peligrosa.

Sin embargo, no es menos cierto que - sin que esto sea una justificación - los medios de comunicación no hacen más que reflejar lo que sucede en la sociedad, por lo que el verdadero cambio debería venir de la sociedad y no tendría por qué ser impuesto desde arriba.

La humanidad siempre ha sido violenta y lamentablemente la sola regulación no va a cambiar necesariamente esto; por lo que corresponde a cada actor de la sociedad adoptar medidas para protegerse y protegernos.

A los padres ser más rigorosos, no solo con los horarios en la tele – los horarios familiares ya no funcionan, pues hay violencia en todo horario – sino con los contenidos mismos de los programas que ven los miembros de la familia. Los medios de comunicación, mayor responsabilidad en la programación y publicidad; si no desean que en breve la sociedad organizada comience a generar corrientes de opinión en contra de la publicidad en programas con contenido violento o reñido con la moral.

Finalmente, al Poder Ejecutivo corresponde reforzar su labor fiscalizadora respecto a la emisión de programas en el horario familiar; mientras que el Congreso debe analizar la conveniencia de modificar la Ley de Radio y Televisión, de tal manera que la restricción de contenidos violentos o reñidos con la moral en el horario familiar sea imperativa y no sólo enunciativa.

No nos sorprendamos luego si, ante la inacción de nuestra sociedad en su conjunto, mañana más tarde parte de nuestra juventud vuelva a abrazar aquellas doctrinas trasnochadas que por décadas generaron el terror en el país.

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