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martes, 31 de julio de 2007

POR FUERA FLORES... ¿Y POR DENTRO?


La Nación – al menos en teoría – está compuesta por un conglomerado de personas que comparten las mismas costumbres, idioma, territorio e intereses comunes. En este sentido, el conjunto de peruanos que habitamos el territorio nacional conformamos una Nación.

Sin embargo, con la finalidad de lograr esos objetivos comunes, una Nación requiere organizarse y para ello es necesario elegir a quienes en nombre de todos los peruanos conducirán los destinos del país en busca de satisfacer las necesidades de éstos.

Pero, además, requiere de una organización. A esa organización conformada por congreso, ministerios, OPDs, etc., se llama Estado.

Como es lógico, para que esta organización llamada Estado funcione bien y pueda brindar a su Nación los servicios y bienes que necesita, debe ser eficiente, es decir tener un tamaño preciso y contar con el personal necesario.

Es precisamente en este punto que radica el principal problema del país. Tenemos un Estado demasiado grande, con una diversidad de instituciones que en muchos casos duplican funciones, y sobredimensionado en personal. Más instituciones públicas de las que realmente necesitamos y más servidores públicos de los que necesitamos, como consecuencia de lo anterior.

Pero, a la vez, como son muchas las instituciones hay que crear reglas para su funcionamiento, por ende se crean un sinnúmero de sistemas administrativos, incluidos sistemas de control casi policíacos para evitar que malos funcionarios hagan un mal uso de los recursos del Estado, lo que a la larga disminuye aun mas la eficiencia del aparato estatal.

Pese a ello, producto de los buenos precios de nuestras materias primas en el mercado internacional - sobre todo los minerales - hemos ingresado a un estado de bonanza económica, debido a la mayor recaudación de impuestos.

Si aplicáramos las reglas diseñadas para la actividad pública a la privada, definitivamente desaparecería la inversión privada en el país.

Nos hemos preocupado por crear un clima apropiado para la inversión privada, pues mientras mayor sea esta, habrá una mayor recaudación y por ende el Estado podrá designar mayores recursos a la tarea de cubrir las necesidades del pueblo, como son salud, educación, lucha contra la pobreza; sin embargo poco o nada hemos hecho por la gran reforma estatal que se requiere.

El Estado, sin perder de vista el rol social que le corresponde, debe tomar el ejemplo de la empresa privada y actuar de una manera gerencial.

Es necesario reformar el Estado, estableciendo organizaciones públicas horizontales, asumir el compromiso de respeto a los derechos laborales, flexibilizar los sistemas administrativos, y priorizar su accionar a la lucha contra la pobreza, salud, educación, limitándose a regular el resto de actividades.

Respecto a las grandes obras que el país requiere, es necesario comprometer la inversión privada para cubrir esa gran brecha en infraestructura, a través de asociaciones público-privadas. De esta manera los recursos del estado serían destinados a la lucha contra la pobreza en salud y educación-

Ha llegado la hora de ingresar a esa gran reforma, sin importar el costo político que pueda tener para nuestras autoridades, si queremos realmente un Perú mejor para nuestros hijos.

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