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viernes, 6 de abril de 2007

IRLANDA: LA CHICA FACIL EN EL TEMA FISCAL


Durante una sesión plenaria del Congreso, un colega - asesor que comparte conmigo esas tediosas horas en el Hemiciclo, me comentó que sería interesante que el país adoptara el modelo económico irlandés, pero evitando que todos los beneficios queden en manos de las transnacionales.

Inmediatamente ingresé al famoso Google y escribí: “milagro económico irlandés”. Realmente quedé sorprendido de lo ocurrido en Irlanda en materia económica; sin embargo, también encontré algunas cosas de esas que casi nunca se llegan a decir cuando “la chica te pregunta si está bien vestida para la ocasión”.

En 1981, justo antes de la entrada de Grecia en la entonces Comunidad Económica Europea, Irlanda era el país más pobre de la Europa de los Doce, y el tercero más atrasado cuando en 1986 se firma la Unión Europea con España y Portugal como nuevos miembros.

Irlanda es hoy el segundo país más rico en renta per capita de la Unión Europea después de Luxemburgo, ya que acaba de superar a Dinamarca. Estos sorprendentes cambios se han producido en un corto espacio de tiempo, lo que ha llevado a considerar que nos encontramos ante un «milagro» económico.

En poco más de 60 años, Irlanda ha pasado de depender de la cosecha de papas, a ser el modelo económico del desarrollo y sin saber lo que es una revolución industrial.

¿Cómo pudo uno de los países más pobres de Europa y tradicional expulsor de población consolidar en pocos años un gran sector industrial y eliminar el desempleo?

Pues desreguló muchos mercados y se abrieron las fronteras a los capitales extranjeros, al comercio y a la mano de obra, de tal manera que Irlanda es hoy una de las economías más libres y abiertas del mundo.

Esta apertura ha convertido a Irlanda en un centro de atracción de empresas extranjeras, debido a que disfruta de una moderada carga tributaria. De esta manera se ha incentivado la ubicación de compañías extranjeras - especialmente estadounidenses - y las relacionadas con la alta tecnología y la industria informática, ya que cuenta además con un avanzado sistema de telecomunicaciones.

Todo ello hace que cuente con un saldo neto de inversiones extranjeras directas de unos 4.000 millones de dólares y que tenga a Estados Unidos y el Reino Unido como principales socios comerciales. También Irlanda representa un atractivo para una población inmigrante que la ayuda a paliar su crónico problema demográfico.

Existe un aspecto de la exitosa política económica irlandesa que debe ser especialmente destacado. Se trata de su política de reducción del gasto público, tal vez el más decisivo condicionante de este espectacular desarrollo.

En un primer momento, en los años ochenta, este abultado desequilibrio se corrigió con un aumento de los ingresos, pero desde 1987 la política fiscal se ha centrado sobre todo en frenar el gasto, hasta llegar a tener el más bajo de Europa.

Dos décadas atrás el gobierno Irlandés identificó a los sectores de alta tecnología y ciertos servicios, como cuidado de la salud y telemarketing, como objetivos prioritarios de desarrollo por su capacidad de proporcionar divisas y empleo.

En este campo, Irlanda hizo lo mismo que años antes hicieron los países exitosos del sudeste asiático: identificar sectores en que el país podría llegar a destacarse internacionalmente en función de sus ventajas competitivas, para luego concentrarse en la promoción y atracción de las inversiones necesarias, nacionales o extranjeras.

Las exportaciones y las inversiones extranjeras, especialmente de Estados Unidos, actualmente proporcionan casi el 50% del empleo industrial. Indudablemente, el impulso de la economía irlandesa proviene de las exportaciones, que durante la década pasada crecieron a una tasa promedio superior al 12% anual, que implica duplicar su valor cada 6 años.

También es cierto que ese desempeño fue factible debido al ingreso masivo de inversiones extranjeras orientadas a sectores de alta tecnología, principalmente electrónica, software, químicos y farmacéuticos, que representan las tres cuartas partes del total exportado.

En resumen, el milagro irlandés es explicado por: la reducción del gasto público, la identificación de sectores con ventajas competitivas y la promoción de inversiones extranjeras a través de la reducción de la presión tributaria y la flexibilización de las normas ambientalistas.

La critica al modelo pasa por el hecho de que Irlanda no podrá mantener por mucho tiempo tasas impositivas tributarias reducidas, pues en la Comunidad Europea se está planteando la armonización fiscal.

Frente a esta evidencia, las transnacionales instaladas en Irlanda están centralizando sus oficinas con el claro propósito de prepararse para una retirada hacia otros paraísos fiscales o lugares donde la mano de obra es muy barata.

Por otro lado, esta apertura a la inversión privada transnacional no ha incentivado un tejido industrial propiamente irlandés. No se incentiva la creación de empresas manufactureras. Los únicos autoemprendimientos que se están dando son relacionados con la construcción, la especulación inmobiliaria, y la creación de empresas de selección de personal.

Como indicáramos, junto con la reducción fiscal, también se flexibilizó la legislación medioambiental. Todas las farmacéuticas y laboratorios se establecen en Irlanda porque se les permite fabricar todo tipo de productos sin que tengan que rendir cuenta por los efectos ambientales que ello conlleva.

Un costo adicional del modelo irlandés podría ser el excesivo consumismo, carente de toda lógica. No importa que necesites, lo importante es consumir. El ahorro como tal no existe, mas bien lo contrario, la economía crece tan rápido que los ajustes del Banco Central y sus aumentos de las tasas de interés no tienen efectos.

El negocio inmobiliario es una burbuja y como tal tarde o temprano explotara. Los innumerables créditos inmobiliarios concertados por los irlandeses se estima que se mantendrán en el mejor de los casos por cinco años, y como antes hemos mencionado, las empresas se retirarán de Irlanda, los salarios bajarán, con lo que las dificultades para hacer frente a esos créditos serán muchas.

En Irlanda la sociedad está creando día a día más marginales, no participes de este juego. Parte de la sociedad basa su dieta diaria en el alcohol y las drogas, creándose getos que el Estado sustenta, sin darles una formación.

Obviamente esta parte marginal de la sociedad, en cuanto poseen dinero, actúan con un comportamiento similar a los demás, consumir por consumir. Ricos que actúan sin ninguna prudencia y pobres que en cuanto pueden hacen lo mismo.

En algunos años podremos ver si la política de “la chica fácil en el tema fiscal” que adoptó Irlanda es sostenible en el tiempo.

1 comentario:

bernardo rojas dijo...
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